TIERRA DE LAS AGUAS ETERNAS

Chirripó es un lugar sagrado para las etnias primigenias.
Estos son los verdaderos guardianes.

De muchas maneras, Chirripó sigue siendo un lugar de gran misterio para los costarricenses. Los que realmente lo conocen a profundidad, son esos pueblos indígenas que durante cientos de años han caminado y habitado esa tierra.

¿Qué conocimiento tenemos sobre el legado ancestral de este cerro?

El reconocido antropólogo Carlos Borge ha dedicado su vida a entender la relación de nuestros antepasados con esta región del Costa Rica. Aquí, nos ayuda a comprender la herencia cultural y espiritual de Chirripó y Talamanca.

Chirripó, la montaña mágica

Viajando al Chirri escuchamos historias sobre los pobladores ancestrales de la zona, los indígenas. De boca de algunos porteadores, entendimos que para ellos, Chirripó tiene otros matices. Es decir, lo ven con otros ojos.

Solo aprendiendo del legado ancestral en este territorio podemos apreciarlo y respetarlo. Con esto en cuenta, nos sentamos con el antropólogo Carlos Borge Carvajal, hombre de inagotable conocimiento sobre Talamanca. Con amplios estudios sobre las comunidades cabécares y bribris, Borges ha analizado sus animales sagrados, reglas y tradiciones que se cumplen en sus bosques mágico y el respeto a picos sagrados. Su publicación Talamanca en la encrucijada, confirman una entrega y pasión por este mundo al cual Costa Rica, como sociedad, le tiene una gran deuda.

Aquí repasamos puntos importantes para comprender mejor sus tradiciones.

¿Cuán accesibles son las comunidades de la cordillera de Talamanca?

La verdad es que llegar a ellas tiene una serie de complicaciones.
De las 60 comunidades cabécares y bribris, 10 se acceden por carro encadenado, otras 10 por cuadriciclo, 10 solo se llega a caballo y a unas 30 comunidades solo a pie. Hay unas a 12 horas desde un ultimo acceso en carro.

¿Dónde habita la mayoría de los pobladores de estas comunidades?

Sitio Hilda, junto con Jamö, son los poblados indígenas más cercanos al “Chirri”.
Actualmente estos poblados se conforman por unas 10.000 personas divididas en 40 clanes. Han sido permeados por la cultura occidental en cosas como el acceso a la tecnología y vestimenta, pero siguen siendo muy tradicionalistas en temas como la muerte, la medicina o la sexualidad.

¿Qué es el “Paso de los Indios”?

Es el camino entre Sitio Hilda y Pérez Zeledón.
Es el paso habitual hacia el centro (Valle del General), inclusive desde la época precolombina. Su idea al caminar por esta ruta era llegar a las tierras donde la tierra era mejor para la cosecha precolombina los indígenas iban atentos a que había buena tierra para sembrar. Para los habitantes de Sitio Hilda a las montañas se les conoce como duchë (en cabécar se dice “duchí”) y significa “quebrada del pájaro” debido a que las aves se ven por doquier en los caminos hacia estos poblados.

¿Cuáles reglas o tradiciones siguen?

Evitar subir a la punta de los cerros, pues allí habitan los seres mitológicos.
No se habla en la montaña, para así escuchar el silencio. No caminar en el bosque más tarde de las 2:00 p.m. No se orina en los ríos ni se molesta (caza) a los animales si no se los va a comer. Está prohibido comerse estos siete animales: serpiente, murciélago, zopilote, zorro, zarigüeya, armadillo de nueve bandas y el jaguar.

¿Hay castigos para quienes incumplen las reglas de la zona sagrada?

Según dicta la información ancestral, sí hay algo así como penas.
Es por ello que esta zona es vista con cierto recelo, pues, quienes incumplen algunas de las reglas, luego sienten una gran cuota de culpa. Por ese respeto que les inspiran los cerros, solían colocar un bastón con una cinta roja en un punto donde ya iban a ingresar al monte. Era un gesto que simbolizaba pedir permiso para entrar.

¿Quiénes han difundido estas historias sobre la montaña?

Solo cierta jerarquía entre los bribris y cabécares tiene acceso a esta información.
Las historias y cantos sobre esto se cuentan en el idioma teribe antiguo”, aunque en realidad Chirripó es una palabra de origen huetar. Entre los cabécares no está en peligro toda esta tradición, pero entre los bribris sí, por la transición entre la población más joven (menores a 50 años), donde hay un desuso del idioma en el que se transmiten todas estas historias.

La montaña es protectora

La cordillera está acomodada casi en forma de canasto, donde los cerros rodean una matriz que se guarda y se cuida.
Así es como lo ven los pobladores, que consideran este espacio como una zona protegida por las montañas. Todas esas cumbres los protegen de las amenazas “militares” (algo que tiene más sentido a nivel ancestral que actual), así como las inclemencias climáticas, como las tormentas que vienen del mar. Por el contrario, todo lo que consideran bueno, viene del oeste. La creencia tiene más sentido si se considera que las amenazas vienen desde el mar, es decir del este, mientras que del oeste viene todo lo bueno.

Algunas figuras míticas

Dentro de sus códigos filosóficos-animistas los bribris y cabécares creen en dioses y espíritus protectores.
Los cerros son la casa de todos estos entes, incluyendo también al espíritu de los animales (duaLkö) y a los Bë (diablos protectores del bosque). Dinamö, o tigre de agua, representa la tormenta. Se llama así por el sonido de “rugido” provocado por las lluvias que se avecinan.

Entierros en las cumbres

En medio de esa geografía quebrada, los cerros se convirtieron en lugares idóneos para cementeros indígenas o más bien osarios o mausoleos donde se enterraban los huesos de los “abuelos” de cada clan.
Los difuntos eran adobados con manteca de cacao, envueltos en hoja de bijagua, corteza de chonta y llevados a la montaña. Ahí lo rodeaban con espinas y lo mantenían en un sitio clave durante un año. Cuando pasara este tiempo, envolvían los huesos en un paquete de tela y lo llevaban al sitio sagrado cuya localización era conocida por unos pocos habitantes, para mantenerlo ahí a partir de este momento.
Nota

Es importante tener presente que estas son apenas pinceladas de la perspectiva de los indígenas dentro de la zona de Chirripó, pues su visión, o inclusive cosmovisión es mucho más amplia y compleja. Si se quisiera profundizar más en esta temática, recomendamos la literatura de Borge y, por supuesto, mantener viva la curiosidad.

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